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La Dolarización

La Dolarización


Por allá por el año 1994 mientras estudiaba en EEUU en la universidad, en una de mis primeras materias le pregunté al profesor de Macroeconomía, ¿Que es lo que respalda al dólar? Me respondió que revise que en cualquiera de esos billetes dice “IN GOD WE TRUST”


Sin entender aquella respuesta, dado que esperaba que me diga que esa moneda estaba respaldada en reservas de oro o algo por el estilo, el Dr. Hammerschmidt me explicó que ellos confiaban que con ese billete podían intercambiar bienes y servicios sin perder su capacidad adquisitiva. Me dijo que ellos tenían FE en que la economía estadounidense era lo suficientemente productiva y que siempre podrían usar el dólar para comprar o vender cualquier tipo de producto. Que las personas estarían siempre dispuestas a recibir esa moneda porque saben que su valor estaba respaldado por la producción, confianza y credibilidad del sistema de “La mano invisible”.


Llegué al Ecuador en 1998 y me encontré con una moneda volátil, el sucre. Fui testigo de quiebras terribles de muchas empresas antiguas y tradicionales, de negocios que cerraban, o proyectos fracasados. Simplemente no se soportaban las devaluaciones de la moneda, las tasas de interés a niveles de chulquería, o deudas en dólares que se duplicaban año a año. Entiendo que hubieron malos manejos económicos, una guerra inesperada con el Peru, y los precios del petróleo por el suelo. Había inestabilidad política, que incluso se cambiaba presidentes a los pocos meses de gobierno, etc., pero lo cierto es que un par de años después, la economía se dolarizó y todo cambió.


Prácticamente en mi vida profesional solo he trabajado con dolarización. Y me parece increíble pensar que además de todos los problemas que como empresarios tenemos que enfrentar, había que proyectar fluctuaciones monetarias ridículas, especulativas e inciertas. Efectivamente que la dolarización nos resta capacidad devaluatoria frente a países vecinos, nos quita autonomía del manejo monetario, es una “camisa de fuerza”, “perdemos soberanía”, entre otros problemas que son muy criticados por ciertos grupos políticos. Pero en realidad, a mi criterio, lo cierto es que nos da estabilidad, nos permite planificar a largo plazo, proyectar nuestros negocios en el tiempo y obliga a ser más competitivos y eficientes.


El estado debe jugar su rol evidentemente, representan el 40% del PIB, por lo tanto están obligados a manejar las políticas económicas del país con mucho acierto. Los gobernantes tienen que invertir eficientemente los recursos estatales en seguridad, educación, infraestructura, inversión y gasto; pero deben medir el impacto de sus decisiones y acciones. Tienen que evitar un elevado endeudamiento que luego obligue a incrementar impuestos y asfixiar a la ciudadanía. El manejo económico del estado debería ser independiente al político, con agendas diferentes. Se debe tener claro que se inyecta dinero al sistema cuando se encuentra deprimido y contraer el gasto o inversión cuando exista un crecimiento económico que pueda derivar en inflación o burbujas.


Trabajar en una economía dolarizada nos permite tener reglas del juego claras en cuanto a precios, costos y tiempo. En mi planificación estratégica, por ejemplo, tengo FE que estando dolarizados la inflación o deflación no afectarán mayormente mi resultados. Confío que los costos no sufrirán impactos significativos que compliquen mis márgenes esperados.


El problema de la dolarización no es el sistema en si, el problema es la irresponsabilidad de quienes manejan la economía de nuestro país. Lo malo es la corrupción. Lo peligroso es la inseguridad jurídica. Lo que afecta es la inestabilidad tributaria. El riesgo es la legislación. Lo inestable es que no exista un sistema judicial que brinde garantías. Todo eso es lo que me preocupa, no la dolarización.


Tengo FE que nuestro país logrará mantener el dólar por el bien de nuestra economía y próximas generaciones. Esta moneda nos da confianza y todos los que producimos y consumimos tenemos la tranquilidad de recibir o entregar ese papel como intercambio comercial. En todos los niveles socioeconómicos estamos de acuerdo en eso. Empleadores y empleados coincidimos. Empresarios de todos los sectores: comerciantes, industriales, constructores, textileros, bananeros, camaroneros, hoteleros, y demás creemos que es lo mejor para nuestra estabilidad. Solo tenemos que ser eficientes.


Cuando algún político con aires de economista pretenda hablar de lo negativo que es la dolarización, recordemos la frase que me dijo mi profesor: IN GOD WE TRUST





Guillermo Jouvin Arosemena

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