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  • Foto del escritorJosé Macchiavello Almeida

La vialidad nacional y el quinto puente

El proyecto denominado Viaducto Sur o Quinto Puente ha sido motivo de polémica por la anulación del acuerdo presidencial sobre la delegación del proyecto al Municipio de Guayaquil.


Creo necesario empezar aclarando que el proyecto no es de interés local (Guayaquil) o zonal (Guayas); se trata de un eslabón de integración regional que abarca más del 60% del territorio ecuatoriano; que compromete al 85% de la carga total del país; que facilita el transporte internacional del mayor puerto de contenedores refrigerados del mundo (Guayaquil); que estimulará la formación de unidades logísticas que permitirán desconcentrar el movimiento comercial de Guayaquil y su área de influencia; que optimizará el costo de transporte desde y hacia los puertos de Guayaquil beneficiando a todos los productos importados y a las exportaciones privadas de todo el país; que aliviará el impacto ambiental en no menos del 30% de los habitantes del Ecuador; y que en un futuro no muy lejano permitirá integrar el centro sur del Ecuador con el norte del Perú. Todo ello nos permite asegurar que se trata de un proyecto de interés nacional.


Bajo esta premisa, no es procedente que sea un Municipio el que se encargue de sacar adelante esta importante obra.


El país debe estar consciente de que la conectividad, el transporte y la transitabilidad deben enmarcarse en conceptos muy claros. No es lo mismo hacer carreteras o puentes que hacer vialidad. Imaginemos por un momento que las carreteras del Guayas estén en manos de Social Cristianos; las de Morona en manos de Construye; las de Pichincha en manos de la Revolución Ciudadana, las de Los Rios en el Pre. Estaríamos en el país de Babel.


Consecuentemente, el Gobierno Central debe ser responsable de la vialidad primaria del país y el Viaducto Sur es parte de esta red principal.


El Municipio debió y debe ser un actor importante en el proyecto como facilitador, coparticipando en la expropiación de terrenos necesarios para ejecutar la obra en los plazos propuestos; en la determinación de las rutas que se proponen para la integración vial de la red urbana con el trazado final del proyecto; en hacer un seguimiento ordenado del proceso precontractual y contractual del proyecto; de alentar y exigir el cumplimiento de las diferentes etapas del proceso. Cabe aclarar que el primer paso se dio en la sesión solemne del Cabildo guayaquileño en Octubre de 2002 donde se adjudicó el contrato de prefactibilidad para el proyecto “viaducto sur” por parte del Gobierno del Doctor Gustavo Noboa. Han pasado más de veinte años de aquel evento y recién hace unos dos años se comienza a hablar del tema, ¿cuando estuvo archivado por olvido de nuestros políticos o intereses creados?


Finalmente, no creo que sea factible en las actuales circunstancias que exista una empresa que pueda interesarse en la concesión de un proyecto cuyo único ingreso sea el peaje. Los valores de peaje en Ecuador tienen un alto contenido de populismo y se confunde con el concepto de “socialmente sostenible”. Será necesario analizar alternativas a base de cobro de peaje por peso de mercadería; plusvalía de terrenos beneficiados por el trazado del proyecto; y por supuesto un componente importante de aporte estatal en el mediano y largo plazo.


No hay que dejar de exigir la ejecución de esta importante obra para el país. Es hora de trabajar pensando en las próximas generaciones que ya empezaron a mostrarse en las últimas elecciones.



José Macchiavello Almeida

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