• Guillermo Jouvin

Mejora Continua

Kaizen. Productividad. Cero desperdicios. Justo a tiempo. Defecto cero. Colaborativo. Teamwork. Gestión de cambio. Lean Six Sigma. Transversalidad. Líderes.

Son palabras o frases asociadas a agregar valor a la cadena de producción o servicios. Sin embargo, las empresas tradicionalmente han sido manejadas de manera jerárquica en donde las decisiones las toma el dueño o gerente general y baja a cada departamento como si entre ellos fueran desconocidos o enemigos que no se pueden ni hablar. Este sistema viene de una forma de autoridad que nace desde el núcleo familiar o militar. Se trata de una estructura en donde se bajan las órdenes desde arriba de la pirámide hasta que llega al de más abajo de la base. Normalmente las empresas que han tenido éxito y han perdurado bajo este sistema tradicional, se limitan a las capacidades extraordinarias del jefe y mueren junto con el retiro o incluso fallecimiento de este gran emprendedor.



Siempre escuchamos que, estadísticamente, las empresas no sobreviven a más de 3 generaciones y han habido muchos casos de estudios analizando el ¿porqué? El denominador común es que son precisamente familiares. El fundador con su gran idea, tenacidad, apetito de riesgo y perseverancia. Luego la segunda generación, normalmente muy preparada académicamente y bajo el liderazgo del patriarca, implementa nuevas ideas, procesos y metodologías que permiten crecer y fortalecerse. Hasta aquí sigue habiendo la jerarquía del padre sobre el hijo y la mentalidad militar de hacer las cosas. Todo se ejecuta por presión y miedo. Pero al llegar la tercera generación, aparecen varios familiares a querer ocupar puestos claves dentro de la organización. Los empleados o ejecutivos que comenzaron desde el inicio o se fueron incorporando por sus capacidades, son reemplazados por estos chicos que muchas veces no tienen ni estudios y mucho menos experiencia. Y peor aún, llenan los espacios en orden de edad. El nieto mayor se convertirá en el CEO porque es su puesto jerárquico. Cero meritocracia normalmente y los resultados son de lógica pura: la empresa va a quebrar.


En cambio, empresas norteamericanas, suizas, canadienses, británicas, danesas, sobretodo, además de muchas otras que existen en varios países europeos, han logrado transcender las generaciones porque cambiaron su mentalidad. Modificaron su estructura administrativa. Dejaron de ser de arriba a abajo y de abajo hacia arriba. Se convirtieron en estructuras transversales, de equipos, colaborativas, con varios líderes individuales, con mayor grado de compromiso de sus integrantes y muchos mejores resultados, bajo la guía y dirección del líder general: un CEO que tiene la responsabilidad de hacer que todo funcione; que motiva y no oprime; que habla de nosotros y no de yo; que guía y no ordena; que asume la responsabilidad de los fracasos y no señala a otros; que busca soluciones y no culpables; que entiende que los tiempos cambian y debe adaptarse; que se rodea de personas mejores que él o ella sin importar el ego; que acepta críticas y corrige; que es siempre alcanzable pero al que se lo debe respetar; que lidera por ejemplo más que por jerarquía. Quizás nunca logre tener la sabiduría de un fundador. Pero será un líder de mejora continua que está para que la empresa perdure.


El cliente es quien se vuelve el centro de atención y toda la empresa es la que se desvive por satisfacer esa necesidad. Toda la organización se adapta a lo que el mercado pide. Se analizan tendencias, buscan nichos, estudia comportamientos sociales y económicos, se crea un propósito empresarial, la misión, para que desde ahí se parta con una estrategia, una táctica, una metodología y la gestión. Los accionistas se vuelven benefactores del éxito de estos equipos que son compensados proporcionalmente sobre sus resultados y cumplimiento de objetivos.


Todo se debe medir. Comencé este artículo con la frase “mejora continua”. Acompañé con una introducción de palabras que suenan bonitas e importantes. Pero al final todo se resume en lo siguiente:


Planificación, Ejecución, Control.

Planificación, Ejecución, Control.

Planificación, Ejecución, Control.


No para nunca.

  1. Planificamos con quienes tienen la visión, la creatividad, la capacidad de organizar, de emprender.

  2. Ejecutamos con quienes saben hacer, implementar, resolver.

  3. Controlamos con quienes son analíticos, observadores, detallistas y auditan.

Pero todo el equipo informado y comunicado permanentemente. Que se evalúe tanto que podamos conjuntamente corregir en base a una leve tendencia.


Siempre hay formas de mejorar. Siempre hay formas de resolver. Siempre hay formas de corregir.


Pongamos en práctica estos consejos. Yo estoy en este camino. Mucho por hacer. Pero depende de nosotros lograrlo y que en los siguientes 10 años, podamos escuchar a Ecuador en la selecta lista de países que sus empresas lograron transcender unas cuantas generaciones y que se volvieron corporaciones.